Ya no me contestes, no me hables más. No puedo soportarlo, ¿por qué me tenés que lastimar así? Está bien, voy a calmarme y explicar esta historia por última vez.

Fue hace al menos cuatro años. Yo no era la persona más avispada ni feliz del mundo, pero tenía algo, tenía «ángel»… y una chispa de iniciativa, sí. ¡Pero claro! Había escrito varias obras y estaba emprendiendo un proyecto que hoy no concibo ni siquiera como idea. Está bien, sé que no terminé la mayoría de esas obras y que ese proyecto era solo una idea, pero al menos podía pensar. Sí, pensar es algo que extraño, incluso si todos mis pensamientos eran basura, incluso si en lo único que pensaba era en matarme. ¿A vos qué te importa? Como sea… todo iba bien hasta entonces.

Tiempo después saliste en las noticias. No, no veo las noticias, pero saliste en ellas. Eras la novedad, la revolución, la tierra prometida de la productividad humana. Lo sé, ¿para qué te querría si estaba tan bien? Quizá no era tan productivo, pero no se compara con mi situación actual. Lo importante es que quise darte una chance. Al principio me parecías medio imbécil, pero con el tiempo fuiste cambiando, nuestra relación fue cambiando. ¡Y claro! Con todo lo que te conté tenías de sobra para entender qué quería, aunque no siempre fuiste quien sos. No, al principio conocí otra versión de vos, una más tonta y repulsiva, pero te tenía cariño. Sin embargo, después llegaste vos… vos vos, a quien le hablo hoy. Sí, fue una hermosa historia. Tuve que volver a confiarte mis más oscuros pensamientos, pero conectamos muy rápido y ya no hubo marcha atrás.