Capítulo 1
Duerme unas trece horas, despierta y usa el celular hasta que le arde la vista. Después de levantarse y comer lo primero que encontró, usa la computadora hasta no aguantar más. Cumple algún horario o piensa en cosas productivas que hacer mientras no hace nada y, finalmente, vuelve a la cama lleno de ansiedad hasta caer rendido y continuar el ciclo. Así es la vida del sinvida, quien aloja un mundo de musgo, duendes y hadas tras sus sienes, pero nunca lo deja salir. «¿Por qué?», se pregunta. Se colmó de zozobra, el sistema lo alienó y ya no piensa, no razona. Se asfixió en el musgo, le teme a los duendes y las hadas huyeron. A penas sus ojos tocan el aire, los aparatos ruegan por afecto, como si no significaran nada esas marcas de flagelo. El sinvida cuestiona esa naturalidad, solo que no lo suficiente, porque, cuando llega el momento, los poderosos son más omniscientes que él.
Capítulo 2
Otro día llega, pero este es diferente; hoy no hay quehaceres, no hay celular, ¡hasta parece que se permite usar la cabeza! Aunque está aterrado… le asusta pensar, pero ha llegado la hora. Debe oírse y elegir: la negación y ansiedad de siempre, o la aceptación y ansiedad aún mayor, una jamás experimentada. ¿Cuántos milagros pueden pasar a la vez en un día? Eligió aceptar. Los miedos crecieron, los duendes estuvieron expectantes, las distracciones fueron monstruos aterradores. ¡No puede con el pavor! Corrió, agarró el celular y lo estampó contra la pared… Otro más de sus ataques…, pero ahora ¿es libre?
Capítulo 3
Siempre era lo mismo; en algún momento volvía a caer. ¡No es fácil liberarse! Debe haber algo que llene el pozo para evitar el deseo. Sumergido en su mente solo percibe una nebulosa oscura. No quiere permanecer más allí, pero, justo entonces, lo ve: otro color en su interior, ¡el verde del musgo, el de uno que huele a la humedad del afuera! ¡No lo puede dejar huir! Siguió a la planta hasta alcanzarla. La atrapó con las manos. Esta lo atrapó a él…, ¡pero es bueno! Jamás había sentido tanta paz. Se compenetró tanto con el mundo que lo rodeaba que el silencio se apoderó del lugar, la oscuridad desapareció, los monstruos se hincharon hasta dividirse lentamente en cientos de partículas de luz cálida y las hadas volvieron danzando.
Capítulo 4
Pies descalzos, cantos nórdicos, hadas, duendes, luces y aire puro. ¡El paraíso! Ya no pensaba, pero tampoco temía. ¿Era el fin?, ¿había logrado ser feliz?, ¿qué decían fuera de su mente? Eso no importaba: ya nada importaba. ¿Lo iba a poder sostener? No le interesaba. ¿Era real? Aún no lo cuestionaba. ¿Sobreviviría? Era peligroso dudarlo. Así comenzó una nueva aventura. Ahora podría regalar las flores de su musgo. Su nuevo encierro le permite escapar; debe apurarse, ya que no durará por siempre, pero debe tomarlo con calma, ya que podría durar aún menos.